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Los señores de la piedra - Carlos Sabarich

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Los señores de la piedra - Carlos Sabarich
 
…y ahora que ha muerto Dungir sólo quedamos seis, salimos sesenta de Singpur y sólo seis hemos llegado al fin, mi nombre es Ur-Nungal y siempre he sido un visionario, lo reconozco, pero las tablillas me han guiado hasta aquí y aquí estamos, pero tantos ciclos solares viajando hacia el Este con la caravana han ido minando mi ánimo y mi salud, sobre todo mi salud, qué asco me da mi cuerpo envejecido, no me duele nada, por supuesto, pero noto un deterioro evidente en mis funciones motoras y, lo que es peor, en mi percepción de las cosas, como si el cerebro estuviera cansado o algo así, no nos queda mucho tiempo, veo a los demás apagados y consumidos y creo que se dejan llevar por el desánimo, un viaje como este vence a los hombres y a los dioses, An, Enlil, Enki, dadme fuerzas, estoy agotado y viejo también y aquí acabaré mis días entre los escombros de la excavación, pero antes he de dejar constancia de todo en las tablillas, ignoro si vendrán otros después, creo que sí, la Federación depende de todo esto, tal vez en este instante, mientras estoy aquí sentado entre el musgo y mientras los demás excavan y yo escribo estas tablillas de barro fresco, haya salido de Singpur otra caravana, no cejarán, no, pondrán todo el empeño, necesitan la información de los Señores de la Piedra y esta información está aquí, bajo nuestros pies, ya no queda ninguno de aquellos Señores, o al menos eso creen en Singpur, allí estudié muchos textos difíciles de interpretar que contaban, de modo fragmentario, cómo en la tierra de Eur, una secta de sabios o de sacerdotes, nunca lo supe entender, decidieron pasar la información a la piedra, ya se había perdido casi toda al morir el Gran Servidor, todo muere, los dioses también, unas tablillas decían que la causa fue la guerra magnética, otras que un virus positrónico, quién sabe lo que es eso, así que la causa, poco importan las causas, me es desconocida, la piedra, que nunca muere, fue utilizada y cincelada con paciencia por los Señores, y utilizaron la lengua sumeria, la primera lengua escrita, y ahora el sumerio es la lengua universal, es decir, la lengua de la Federación Asiática, y usaron tablillas de barro además de la piedra y vieron que era más rápido, marcándolas con una pequeña caña o un trozo de madera apuntado, y así, entre piedra y barro, acumularon más de sesenta mil piezas repletas de signos cuneiformes que configuraban toda la información esencial, y los líderes de Eur pidieron a la secta que lo almacenaran todo en un único silo subterráneo, y ahora estoy en las antiguas tierras de Kathal, al Este de Eur, sentado sobre el musgo, en lo alto del actual Tell-Praht, donde, estoy convencido, escondieron la información, me he basado en un mapa de arcilla que llegó a mis manos en Singpur, pagué sesenta druls al ladrón que lo robó a un mendigo que decía haber sido explorador, es una posibilidad, la vida es un paseo sobre un camino de incertidumbres, pero tal vez escogieron este lugar debido a la existencia, cerca del mar, que me trae ahora olores desconocidos, de un gran receptor de aquello que las tablillas antiguas denominan carros aéreos, todo son conjeturas, todo, sólo la muerte que nos espera es lo único cierto y por eso escribo sin parar mientras los demás excavan, cada vez con menos ánimo, y por eso aguantaré hasta el final, porque creo que estamos sobre el silo de información, y no moriré sin encontrarlo, sólo es cuestión de tiempo, tiempo, tiempo, cuánto tiempo, me pregunto, podré aguantar respirando este aire tan cargado de oxígeno, además, los líquenes y musgos y este río de aguas cristalinas que los mapas llaman Lobreght, creo que alimentan miasmas nocivos para la vida, al menos para la vida de todos nosotros, los escasos pobladores de la Federación, en la lejana y añorada Asia, así que, a pesar de que ciento tres ciclos solares no es una edad avanzada, moriré aquí, con el consuelo de rescatar para los demás toda la información, y confío en que allí en Singpur sepan qué hacer con ella, sinceramente confío en un futuro tiempo de renacimiento, y por la esperanza en ese tiempo me quedo aquí, mientras alzo la vista hacia el cielo transparente y me llega, sutil como el lenguaje de los dioses, el olor de este extraño mar sin mareas.
 
                                       FIN
 
                        Carlos Sabarich